En tiempos donde casi todo es automático y eléctrico, el CEO de Ford Motor Company, Jim Farley, lanzó un mensaje directo: el Ford Mustang con transmisión manual no va a desaparecer.
Y no lo dijo con dudas. Lo dejó claro con una frase que ya está dando vueltas en el mundo automotriz: “Tendrán que quitárnoslo de nuestras manos frías y muertas”.
Más que una ocurrencia, sus palabras muestran una postura firme. Para Ford, la caja manual no es solo una pieza mecánica; es parte del alma del Mustang.
Es esa sensación de cambiar velocidades con la mano, de sentir el motor responder y de tener control total del auto.
Mientras Ford defiende la transmisión manual, el mercado global camina hacia otro lado. Hoy, la mayoría de los autos nuevos son automáticos o eléctricos.
En Europa, muchas marcas han eliminado las cajas manuales en sus deportivos para cumplir reglas de emisiones y seguir la tendencia de ventas.
En Estados Unidos, cuna de los “muscle cars”, la historia también cambió.
Chevrolet dejó atrás el manual con el fin del Chevrolet Camaro en su generación actual.
Dodge hizo lo mismo al despedir al Dodge Challenger y al Dodge Charger con motores tradicionales.
Frente a ese panorama, Ford decidió nadar contra corriente. Mantener el motor V8, la tracción trasera y la transmisión manual es, para la marca, una declaración de identidad.
No se trata solo de vender autos, sino de conservar lo que hizo famoso al Mustang desde sus inicios.
En un mundo que cambia rápido, la pregunta es clara: ¿vale la pena mantener la tradición aunque el mercado diga lo contrario? Ford parece tener su respuesta. Y por ahora, el Mustang manual seguirá rugiendo.
