La frase “Me duele tanto ya no poder seguir luchando” marcó un punto de quiebre en la carrera de Estrellita de Plata, una luchadora profesional que decidió hacer lo impensable dentro del mundo del pancracio: retirarse, quitarse la máscara y revelar su identidad real para priorizar su salud física y mental.

La decisión, comunicada a través de redes sociales, no solo sorprendió a sus seguidores, sino que abrió una conversación sobre el costo emocional del deporte espectáculo.
Detrás del personaje de Estrellita de Plata se encuentra Eira Nayeli Rodríguez Durán, una joven de 24 años, originaria de Rio Verde, San Luis Potosí, quien había logrado construir una carrera en ascenso y una base sólida de seguidores.

Su figura se había consolidado en el circuito independiente, donde su personaje representaba fortaleza, disciplina y entrega sobre el ring.
Dolor emocional y salud mental
Eira explicó que su retiro no responde a una decisión impulsiva, sino a un deterioro progresivo de su salud mental y emocional.
La muerte de su hermana Melissa detonó un proceso de ansiedad profunda que derivó en depresión, alteraciones alimenticias y una relación destructiva con su cuerpo.
El motivo de mi retiro es por mi salud o paz mental y por salud física ya que no me encuentro en las mejores condiciones para volver.
La joven luchadora relató que el aumento de peso provocado por la ansiedad fue motivo de burlas y señalamientos, incluso por parte de compañeros del gremio.
La falta de empatía, sumada a la presión estética dentro del entorno luchístico, la llevó a someterse a dietas extremas que, lejos de mejorar su condición, la condujeron a padecimientos médicos graves.
Diagnósticos médicos
Entre las consecuencias físicas, Eira fue diagnosticada con problemas severos de tiroides y anemia, condiciones que agravaron su estado general.

A esto se sumaron cuadros depresivos recurrentes, alimentados por las críticas constantes hacia su cuerpo y su imagen, lo que terminó por hacer insostenible su permanencia en el ring.
Aunque hoy se ve obligada a abandonar su pasión, la luchadora no descarta un regreso.
En un mensaje final a sus seguidores, prometió que, de volver al cuadrilátero, lo hará sin máscara y con una nueva identidad personal.
“Ruego a Dios que me sane y sane mi dolor interno”, escribió, dejando claro que su lucha ahora no es deportiva, sino por su vida, su estabilidad emocional y su salud integral

