Hablar del Gran Hotel Ancira es hablar de lujo, historia y orgullo regiomontano.

Para muchos es el edificio más elegante del centro de Monterrey. Pero detrás de su fachada neoclásica hay una historia que pocos conocen: su fundador murió tras un accidente en una corrida de toros.
Una tarde en la plaza que cambió todo
El 2 de febrero de 1921, don Fernando Ancira Sánchez, empresario y abogado, asistía a una corrida en la antigua Plaza de Toros Monterrey. No era torero ni famoso aficionado.
Sin embargo, al brincar una barrera para esquivar al toro, sufrió una grave fractura en el pie. La herida se complicó, se infectó y los médicos tuvieron que amputarle la pierna. Días después perdió la vida, aunque algunos reportes de la época manejaron versiones confusas sobre su estado de salud.
Fue sepultado en el Panteón del Carmen. En su tumba quedó grabada una frase que aún conmueve: “¡En verdad os digo que vale más dar que recibir!”. Tenía apenas 43 años.
Un hombre de mundo con un gran sueño
Fernando Ancira nació en 1877 en Saltillo, Coahuila. Estudió con jesuitas, pasó por Estados Unidos y se tituló en Derecho en París. En 1904 fue segundo secretario en la Embajada de México en Bruselas.
Al volver al país, se estableció en Monterrey y notó que la ciudad industrial no tenía un hotel a la altura de los empresarios europeos.
En 1909 compró un terreno en el corazón de la ciudad y comenzó a construir lo que sería un hotel de cinco pisos, inspirado en el lujo del Hotel Ritz de París.
Ni siquiera la devastadora inundación de ese año frenó su proyecto.
El día que Monterrey estrenó lujo
El hotel fue inaugurado el 26 de julio de 1912 con orquesta y chefs franceses.

Asistieron el entonces presidente Francisco I. Madero, su esposa Sara Pérez, el gobernador y el alcalde. En Estados Unidos ya lo llamaban uno de los “One Million Dollar Hotel”. Era símbolo de modernidad y elegancia.
Hoy el edificio es considerado Monumento Artístico y Patrimonio Cultural de la Nación. Curiosamente, la antigua plaza donde ocurrió el accidente fue demolida en 1929, pero aún se distingue su forma en algunas construcciones actuales.
El arquitecto de esa plaza, Alfred Giles, también diseñó el Panteón del Carmen, donde descansan los restos de Ancira.
El Gran Hotel Ancira sigue en pie, más bello con los años.
Y aunque muchos lo visitan por tradición o nostalgia, pocos saben que su historia comenzó con un sueño europeo… y quedó marcada por una tragedia en la arena.

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