Era marzo de 1955 y el público no dejaba de aplaudir. El ídolo mexicano Pedro Infante acababa de terminar su quinta canción en el escenario del Teatro Iris y el teatro se vino abajo entre gritos y ovaciones.

En ese momento no había en México un artista más querido que él.
Sin embargo, detrás del escenario la historia era muy distinta. Mientras caminaba hacia su camerino, Pedro Infante no sonreía.
Sus manos temblaban ligeramente, recordando una conversación que había ocurrido apenas dos horas antes y que lo dejó inquieto.

De acuerdo con el relato, el hombre que entró al camerino sin tocar fue el empresario Emilio Azcárraga Vidaurreta, uno de los magnates más influyentes del entretenimiento en ese momento.
Vestía un traje gris impecable y fumaba un puro mientras comenzaba una conversación que, según se cuenta, era “delicada”.
El empresario habría cuestionado a Infante sobre rumores de que el cantante estaba investigando situaciones relacionadas con actrices jóvenes, contratos y reuniones privadas.
Según esta versión, Azcárraga le habría advertido que era peligroso involucrarse en temas que podían afectar su carrera.

Pedro Infante, conocido por su carácter directo, habría respondido que no se trataba de simples rumores. Para él, eran asuntos graves.
El silencio que siguió fue tenso, mientras el poderoso empresario respondía con una advertencia que sonaba más a amenaza que a consejo.
Después de terminar su presentación y regresar al camerino, el cantante encontró un sobre sobre la mesa. Nadie supo quién lo dejó ni qué contenía.
La historia quedó como uno de los relatos más misteriosos que rodean la vida del ídolo mexicano.

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