Del desfile al encuentro frente al Palacio Municipal, la celebración reunió disfraces, carros alegóricos, velas y una vistosa decoración para recordar y convivir en comunidad.
Ciénega de Flores se llenó de calaveras, flores y luces para vivir Xantolo 2026. El domingo 1 de noviembre, la fiesta comenzó entre carros alegóricos y disfraces, siguió con una caminata nocturna y encontró en la plaza principal un escenario para recordar, convivir y celebrar.

La tarde y la noche dejaron imágenes muy distintas de una misma tradición. Primero estuvieron los preparativos, los saludos y las fotografías junto a los vehículos. Después llegaron las luces del desfile, las velas de la caminata y las grandes figuras que se movieron frente al Palacio Municipal.

En las banquetas hubo personas esperando el paso de la caravana. Algunas levantaron el teléfono para grabar; otras se acercaron a saludar o mirar de cerca las caracterizaciones. Desde los carros, los participantes respondían con gestos, sonrisas y fotografías que quedaron como recuerdo del encuentro.

El alcalde Miguel Quiroga acompañó la celebración junto a Perla Cavazos y compartió distintos momentos mediante transmisiones en vivo. Antes de iniciar, habló del sentido de la jornada: mantener presentes a quienes ya partieron y reunir a la comunidad alrededor de una tradición que sigue viva.

Esa idea acompañó el festejo sin quitarle su alegría. Las calaveras aparecieron entre flores y colores; los vestidos, las máscaras y la música formaron parte de una noche en la que recordar a los seres queridos también tuvo espacio para el encuentro y la fiesta.

La respuesta de la comunidad se hizo visible en el recorrido y en el centro. El ambiente se fue formando entre quienes prepararon un carro, quienes salieron caracterizados y quienes esperaron para verlos pasar. Cada uno encontró una manera de sumarse a Xantolo.

Una caravana que empezó a llenarse de color
Desde antes de salir, los vehículos ya ofrecían mucho que mirar. Camionetas, camiones y remolques llevaban flores de distintos tamaños, figuras de calaveras, papel de colores y adornos que cambiaron su aspecto cotidiano por el de una celebración de Día de Muertos.

El cielo todavía conservaba la luz del atardecer cuando quedaron algunas de las primeras fotografías. Junto a una carroza blanca posaron participantes con maquillaje de calavera y vestuario de fiesta. El contraste entre el fondo rosado del cielo y los trajes oscuros dejó una de las estampas del inicio.


Uno de los carros más vistosos fue el del DIF. Una gran figura de catrina sobresalía entre flores rosas, naranjas, amarillas y moradas. En los costados aparecían mariposas, mientras un techo cubierto con tiras de papel multicolor daba forma al espacio donde viajaban los participantes.

A bordo se reunieron personas con tocados florales, sombreros y rostros pintados. Los adornos colgaban sobre sus cabezas y acompañaban cada saludo. El carro podía observarse como un conjunto de colores o detener la mirada en sus pequeños detalles: una flor, una máscara o una figura entre el papel.

También participaron vehículos identificados con áreas municipales. En las imágenes aparecen el camión de bomberos de Protección Civil, el contingente de Deportes y el carro de Servicios Primarios. Durante su transmisión, Miguel Quiroga fue mostrando varias de estas participaciones mientras la caravana se preparaba para avanzar.

El de Servicios Primarios destacó por las luces naranjas que dibujaron su frente, sus costados y las figuras colocadas en la parte superior. Sobre el vehículo se levantaban calaveras y estructuras decoradas. Al caer la noche, la iluminación hizo que sus formas resaltaran sobre la calle.

Otros carros llevaron grandes esqueletos, flores y fondos cubiertos de papel con motivos de calaveras. Las luces rodeaban a los personajes y enmarcaban sus disfraces. La fila ofrecía escenas diferentes: un carro podía llamar la atención por su altura y el siguiente por la cantidad de adornos o su combinación de colores.

La caravana también tuvo caballos y una carroza blanca. Una de las fotografías muestra a una participante con maquillaje de catrina y un tocado alto sobre un caballo claro adornado con flores. Entre los vehículos iluminados, esa presencia dio otro ritmo y otra imagen al recorrido.

Conforme avanzó la noche, los faros y los adornos encendidos se hicieron parte del paisaje. Los espectadores podían mirar el conjunto desde la banqueta y, al acercarse, encontrar las manos que saludaban, los rostros pintados y las flores colocadas a lo largo de cada carro.

Catrinas, máscaras y personajes para recordar
El vestuario fue una parte importante de la celebración. Hubo vestidos largos, trajes oscuros, sombreros, rebozos, coronas de flores y accesorios que dieron personalidad a cada caracterización. Algunas propuestas se apoyaron en el blanco y negro; otras sumaron rojo, amarillo, rosa y muchos más colores.

En los rostros aparecieron dientes dibujados, sombras alrededor de los ojos y trazos que seguían la forma de una calavera. También hubo maquillajes que dejaban una parte de la cara al natural. Flores en el cabello, abanicos y tocados completaron distintas maneras de representar a las catrinas.

Las máscaras aportaron otro tipo de presencia. Una calavera de grandes dientes podía verse junto a personajes con sombrero o vestuarios inspirados en figuras populares. En los carros, esas caracterizaciones se mezclaron con fondos de papel, flores y luces, haciendo que cada escena tuviera algo propio.


Los participantes se detuvieron a posar en grupo, junto a los vehículos o frente a la decoración. En unas imágenes miran a la cámara; en otras aparecen conversando, saludando o acomodados bajo el techo de un carro. El registro conserva tanto la fotografía preparada como los momentos del recorrido.

La variedad permitió que la tradición se viera de muchas formas. Estuvieron las catrinas de vestido elegante y los esqueletos, pero también personajes de gran tamaño y disfraces que acercaron el festejo a distintas generaciones. En una misma escena coincidieron tocados de flores, máscaras y prendas de uso diario.

El papel de colores ayudó a unir esas diferencias. Apareció colgado sobre los participantes, colocado en los costados de los vehículos y extendido por el espacio de la celebración. Entre tanta variedad de vestuario, las flores y las calaveras mantuvieron presente el motivo del encuentro.

Los saludos y los dulces también hicieron la fiesta
La caravana tuvo momentos que ocurrieron muy cerca del público. En las fotografías se observan personas acercándose a los carros, manos que se levantan para saludar y participantes que hacen una pausa para convivir con quienes esperaban a la orilla de la calle.

Uno de esos momentos fue la entrega de dulces. A un lado de la carroza blanca se reunió un grupo de espectadores, entre ellos niños, mientras desde el vehículo se acercaban las cajas. Los brazos extendidos y las miradas hacia la carroza cuentan esa pequeña escena dentro del desfile.

En otro punto, una participante con maquillaje de catrina ofreció dulces a las personas reunidas en la calle. Las imágenes muestran el intercambio de cerca: la caja en una mano, el dulce en la otra y quienes se acercaban para recibirlo. Fue una forma sencilla de compartir el festejo.

También hubo saludos sin que la cámara fuera el centro del momento. Las fotos captaron conversaciones junto a la banqueta y encuentros entre quienes llevaban vestuario de fiesta y quienes habían salido a mirar. Son escenas que ayudan a entender cómo se vivió la caravana más allá de los carros alegóricos.

Las sonrisas y los teléfonos levantados aparecen a lo largo del registro. Unos buscaban guardar una fotografía del personaje que pasaba; otros posaron junto a sus acompañantes. Así, el recorrido fue dejando recuerdos tanto para quienes participaron en él como para quienes lo siguieron desde la calle.

La cercanía entre el desfile y el público dio lugar a esas pausas breves. Mientras los adornos y las luces llamaban la atención desde lejos, a corta distancia estaban los saludos, los dulces y las fotos. La celebración tuvo espacio para ambas cosas: el espectáculo y la convivencia.

Con velas y mojigangas, rumbo al centro
La caminata nocturna cambió la imagen de la fiesta. Los carros dieron paso a un contingente que avanzó a pie, acompañado por luces de velas y figuras que se levantaban por encima de las personas. Los disfraces siguieron presentes, ahora reunidos en una misma marcha hacia la plaza.

Entre el grupo sobresalían las mojigangas, esos personajes enormes que acompañan la celebración y se mueven con el paso de quienes los llevan. Una calavera vestida de rosa y negro, una figura de falda multicolor y un personaje con traje oscuro podían distinguirse incluso desde lejos.

Sus tamaños contrastaban con las pequeñas luces que llevaban los caminantes. Mientras las velas quedaban a la altura de las manos, las cabezas de las mojigangas asomaban sobre el grupo. El movimiento de sus vestidos añadió otra forma de color a la noche.

En las primeras filas de la caminata se mezclaron vestidos claros, trajes oscuros, flores y rostros de calavera. Detrás, las figuras altas ayudaban a seguir con la mirada el camino de la celebración, al sobresalir entre el grupo que avanzaba por la calle.

Esta parte del recorrido acercó a los personajes entre sí y al público que los observaba. Al llegar al centro, el encuentro ya no se miraba solamente desde las banquetas: frente al Palacio Municipal esperaba el espacio donde la caminata y la fiesta de la plaza se reunieron.

Había personas a los costados del paso del contingente, varias con el teléfono en alto. La llegada de las mojigangas fue enlazando lo que se había vivido en las calles con lo que ocurría frente al escenario. El festejo conservó sus flores y sus calaveras, pero cambió de lugar y de escala.
La plaza principal se convirtió en el gran escenario
Frente al Palacio Municipal, la decoración recibió a los participantes con papel picado, flores y un altar escalonado. La fachada del edificio quedó como fondo de la celebración. La iluminación permitió distinguir las figuras y los colores aun cuando la noche ya había cubierto el centro.

El altar fue uno de los puntos que más destacaron. Sus niveles claros, las flores naranjas y las pequeñas figuras colocadas sobre la estructura conducían la mirada hacia arriba. Detrás se levantaba un gran esqueleto, con los brazos extendidos a ambos lados del conjunto.

La instalación reunió el sentido de recuerdo del Día de Muertos con el espacio donde se desarrollaba la fiesta. Al pie del altar se tomaron fotografías, se reunieron participantes y tuvieron lugar momentos del encuentro. La decoración formó parte de lo que la gente podía mirar y llevarse en una imagen.

Las hileras de papel picado sumaron color sobre el escenario. Abajo, las flores colocadas al borde de la plataforma acompañaron el paso de los personajes. Desde el público se veía el movimiento de los vestuarios con el altar, la fachada y los adornos como fondo de una misma escena.

Las mojigangas también tuvieron su momento frente a los asistentes. Sus figuras altas se balancearon y sus vestidos giraron sobre la plataforma. Los personajes que antes sobresalían entre los caminantes ahora podían observarse de cuerpo completo, reunidos ante el Palacio Municipal.

Junto al escenario, algunas personas grababan o buscaban una fotografía. La cercanía permitió mirar las máscaras, los tocados y los vestuarios desde otro ángulo. La plaza dio espacio para detenerse en detalles que durante el desfile pasaban frente al público en movimiento.


El encuentro también dejó fotografías de grupo frente al altar. Los vestidos claros y oscuros, los trajes rojos, los sombreros y las máscaras formaron una fila de personajes distintos, reunidos bajo los brazos del gran esqueleto que se levantaba sobre la decoración.

En su transmisión, Miguel Quiroga destacó el trabajo de decoración e invitó a las familias a conocer el altar y guardar una fotografía del festejo. Las imágenes posteriores muestran cómo ese espacio fue utilizado para posar, reunirse y compartir el recuerdo de la noche.

Una tradición viva entre generaciones
Otros puntos de la plaza también sirvieron para las fotografías. Entre las figuras blancas iluminadas aparecen participantes con maquillaje de calavera, tocados y flores. Esas escenas completan el registro de una celebración que pudo seguirse desde el recorrido hasta los encuentros en el centro.



Niños y adultos aparecen en las imágenes con distintas maneras de participar. Unos llevaron el rostro pintado; otros eligieron un disfraz completo o acompañaron a quienes se caracterizaron. Las fotografías muestran esa variedad sin que hiciera falta una sola forma de vestir para ser parte del festejo.


Xantolo tuvo su fuerza en la suma de esos momentos: preparar los adornos, salir a mirar, saludar desde un carro, caminar con una vela y reunirse frente al altar. La tradición se hizo visible en acciones sencillas que fueron dando forma a una celebración compartida.


Las transmisiones y las fotografías de la jornada permiten volver a esos detalles. Quedaron el paso de los carros iluminados, las manos que recibían dulces, las mojigangas sobre el grupo y los personajes reunidos en el escenario. Cada imagen cuenta una parte de lo que se vivió en Ciénega.

El éxito de Xantolo 2026 se reflejó en esa participación y en la manera en que las calles y la plaza se llenaron de vida alrededor de la tradición. El recuerdo de quienes ya no están convivió con la alegría de encontrarse, mirar los disfraces y celebrar en comunidad.

La noche dejó algo más que una decoración vistosa: un conjunto de encuentros entre personas de distintas generaciones. Con flores, luces, velas y calaveras, Ciénega de Flores celebró a sus seres queridos y mantuvo viva una tradición que también se transmite al compartirla.


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